Vista de la Cañada del Cementerio, hoy Calle Castelar
¿1903?
 
 
 
   
   En un proceso cien veces repetido en Melilla desde 1893, tras la guerra de Margallo y el consiguiente aumento de población, la autoridad militar, desbordaba por los hechos consumados, tuvo que admitir que algunos de los recién llegados resolvieran provisionalmente el problema del alojamiento excavando cuevas en las laderas de las cañadas. Este fue el caso de la llamada cañada del cementerio, la que durante cerca de dos siglos sirvió a los fronterizos como camino cubierto para el acceso a los ataques Seco y Rojo. Tras las cuevas vinieron los cobertizos que ampliaban el acceso, y tras éstos las pequeñas casitas de piedra y barro, la mayoría de modestísima condición, aunque algunas, pocas, llegaran a costar más de tres mil pesetas, cantidad importante para la época .
   Por Real Decreto de 26 de julio de 1897 se daba carácter formal al barrio que, aunque dentro de la zona polémica, permanecía oculto a las vistas de los recintos históricos, quedando así legalizada su situación.
   Pese a su aspecto irregular y un tanto destartalado, en el diario local, alguien fascinado por su encanto, lo describía en 1903, época a la que corresponde aproximadamente la foto, de la siguiente forma: “esas casas de la Cañada, tan blancas y tan lindas, que desde las alturas próximas, a la hora de la puesta del sol, parecen componentes de una ciudad de muñecas.
  Al fondo de la foto se observa la fachada del nuevo cementerio, en su primera versión .
  La cañada ocupa, básicamente, lo que hoy es calle Castelar.
 
 
     
 
 
Ir a la página del autor (Francisco Saro)