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Superviviente de la vieja fortificación
dieciochesca, la torre de Santa Bárbara, atalaya
defensiva de los antiguos huertos, vio su futuro comprometido
desde la aprobación en 1910 del proyecto de plaza
de Santa Bárbara, original de José de
la Gándara. Nadie defendió su continuidad;
muy al contrario, eran mayoría los partidarios
de su eliminación por ir contra el ornato de
la ciudad, pues, se situaba casi en el centro de la
plaza proyectada. Aprovechando el viaje del rey Alfonso
XIII a Melilla en 1911, se consiguió que el general
Aznar, ministro de la Guerra y acompañante del
monarca, firmara sobre la marcha la orden de derribo,
y en abril siguiente desparecía una torre que,
entre otros servicios, los había desempeñado
muy destacados durante el sitio de 1774-75.
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