Hechos
y costumbres del Marruecos cercano
Una visita a Sidi Yussef para unos
o Rabí Saadia Edaty para otros
Había escuchado algunas anécdotas
de un lugar en el monte Gurugú al que peregrinan los judíos
melillenses para visitar la tumba de un hombre santo. Tenía
constancia que una vez al año cuentan con la colaboración
de las autoridades marroquíes para la celebración del
citado desplazamiento pero nunca se me había presentado la
ocasión de visitar la zona.
Hace unos días los amigos del Seminario
Permanente de Tamazight organizaron una excursión para visitar
el lugar y picado por la curiosidad me uní al grupo. Salimos
de Melilla a la tarde temprana y antes de llegar a Nador, pasados
unos metros de la curva tras la cual se enfila la ciudad, giramos
a la derecha y nos adentramos en una calle, en dirección hacia
el noroeste, desembocando en una pista.
Unos centenares de metros hacia adelante pasamos
junto a una cantera que hasta hace unos años era de explotación
de piedra ferrosa, de esa que tanto abunda en las antiguas viviendas
y muros de la comarca. Nos acercamos al monte Gurugú por su
lado sureste, hacia una barranca que se abre en las estribaciones
por ese lado de la cima de Kol-la. En las dos laderas de la barranca
hay algunas casas tradicionales de la zona, rodeadas de campos cultivados
de cebada ya dorada y que habían comenzado a segar a mano.
De hecho, algunos grupos de campesinos estaban en esa labor cuando
nos acercamos en nuestros vehículos y nos miraron curiosos.
Al final de la pista llegamos a un paraje
(Chriaz o Tarka) (ver)
situado en mitad de la barranca, totalmente rural, y salpicado de
campos de cebada, chumberas y grandes rocas rojas del Gurugú,
que geográficamente es un arrabal de Nador pero uno sólo
es consciente de ello cuando vuelve la vista atrás y puede
contemplar a sus pies la mancha urbana que se abre junto a la Mar
Chica.
Aquella tarde el sol se mostraba complaciente
después de varios días de levante y la tarde, aunque
luminosa, era fresca. Habíamos parado en un rellano junto a
una casa desde donde partía hacia la ladera del suroeste una
rampa en zigzag con cierta pendiente y bordeada por un muro a modo
de baranda.(ver)
Recordé entonces que antaño había visto alguna
fotografía antigua que mostraba tan original construcción
pero no la recordaba en forma de rampa sino de escalera. El conjunto
de la rampa desde su base tiene de máxima anchura una decena
de metros de tal forma que en sus ángulos interiores hay dispuesto
un banco para facilitar el ascenso de enfermos y ancianos. El ascenso
hasta el final puede ser cansino pero el resuello se abandona con
una parada para contemplar el horizonte. Abajo, al este, se ve la
Mar Chica y los montes de Kebdana que aquella tarde con el inicio
de la caída del sol, se veían perfectamente dibujados
delimitando la rambla en la que se asienta Nador y las poblaciones
limítrofes.
El ascenso finaliza frente a unas construcciones,
a la izquierda unas modernas, de mediados del siglo pasado y, a la
derecha, un conjunto de construcciones irregulares de barro de indatable
época que se unen a la ladera, que a esa altura, tiene una
pendiente muy cercana a la verticalidad.
El santuario
La construcción moderna, que se asemeja
a un chalecito de la época, está contorneada por un
porche soportado por arcos abiertos y situada al fondo de un gran
patio cercado por una valla de media altura. En la zona preferente
del patio destaca un árbol de la algarroba, del que penden,
como si fueran frutos multicolores, decenas de pañuelos, cintas
y trozos de vestimentas. Junto al árbol, en el centro del patio,
una roca de grandes proporciones irrumpe en el espacio destacándose
desde la ladera del monte. (ver)
En la entrada del recinto, sentada en una
roca a la vera del camino, había una persona que no se extrañó
de nuestra presencia y comentó que podíamos pasar libremente
ya que todas las puertas, aunque cerradas, no tenían echadas
las llaves.
Así lo hicimos y curioseamos libremente
por la estancia. En primer lugar nos acercamos a unas placas de mármol
situadas en una pared junto al algarrobo. Una de ellas, la más
antigua, dice en hebreo y español: Las
obras de este recinto y de la carretera que hasta aquí conducen
fueron hechas por el muy honorable señor D. Isaac Bendayan
de Melilla, con residencia actual en Caracas, Venezuela, por su devoción
a este sabio y santo Ribbi Saadia Edaty, aquí enterrado, cuya
protección le acompañe siempre así como a todos
sus familiares. Se terminaron las obras en el mes de Nissan del año
5712, abril de 1952, siendo gran rabino de Melilla y Villa Nador RV
David Salomón Cohen. La segunda dice: Estas instalaciones
así como sus accesos fueron ampliados y remodelados gracias
a la generosidad de Don Saadia Cohen Zrihen y su esposa Dª Simi Bendayan,
hija de Don Isaac Bendayan Z.L., primer promotor de las obras de este
santo lugar. Su reinaguración se efectuó el día
12 de marzo de 1995,10 DE ADAR II 5755, con el beneplácito
de S.M. Hassan II Rey de Marruecos. (ver)
Cuando estábamos leyendo los textos
precedentes apareció una pareja de musulmanes con una niña
pequeña que, al parecer, tenían relación con
el lugar. Tras unas preguntas sobre la situación del recinto,
nos contaron que las instalaciones estaban cuidadas por una señora
que hasta hace unos meses vivía en las dependencias anexas
pero que, como consecuencia de las lluvias de este año, se
habían venido abajo los techos y ahora venía sólo
a limpiar y cuidar el lugar.
Intrigados por la historia del santo citado
en los textos, Ribbi Saadia Edaty, les inquirimos sobre sus conocimientos
sobre el tema. Contaron que era un judío
que venía perseguido por dos rufianes y que cuando lo iban
a atrapar cayó una gran piedra desde lo alto del monte que
lo sepultó, o bien, en otra versión, Ribbi Saadia fue
asesinado y cuando esto ocurrió, entonces, cayó la piedra
y lo sepultó.(ver)
Sobre el árbol y los trapos colgados
nos comentaron que judíos y musulmanes veneran al hombre santo
indistintamente y que durante todo el año muchas personas,
principalmente musulmanes, se acercan al lugar y le piden al santo
que cure sus enfermedades, para ello atan un trozo de su vestimenta
(exvoto) en el algarrobo como una forma de dejar ahí la enfermedad.(ver)
En indagaciones posteriores a la excursión
he leído en un texto de Lucas Calderón y Adela Ponce
lo siguiente: constatado por los lugareños de que el
santo, a través de la piedra, cura y sana de infinidad de males
y padecimientos; el ritual consiste en frotar la parte del cuerpo
dolorida o enferma contra la roca. Se frota varias veces rezando en
silencio y, a continuación, a la izquierda de la piedra, en
un hueco exprofeso, se enciende una vela, se vuelve a rezar y se solicitan
los favores sanadores del santo. Para terminar se deja un exvoto atado
a una rama del árbol como testimonio.
Sin embargo la imagen del santo no es venerada
por los judíos en este sentido, sino que se le pide que interceda
ante Dios porque él está cerca. Creen que
todo lo que el tzadik, el hombre justo, le pide a Dios,
éste se lo concede. Los judíos, después de orar,
sólo dejan cintas colgadas en el árbol como forma de
testimonio de haber visitado el santo lugar.
El lugar y sus alrededores
Entramos en la casa y accedimos a un salón
con dos mesas de madera con capacidad para una docena de personas,
totalmente listas para usar. En un lado hay alfombras de piel de borrego
y algunos cojines. Al fondo, la habitación limita con una cocina
de la época, de mediados de los cincuenta, con su horno para
carbón y con útiles de plástico y diversos utensilios
para cocinar. Me dio la impresión de que todo está dispuesto
para ser utilizado al instante y poder pasar la noche en guardavela,
en oración o meditación.(ver)
Al salir de la casa me quedé en el
porche para percibir el recogimiento que pueden sentir los peregrinos
que acceden al santuario. Mientras, la sombra había invadido
ya toda la ladera en que estábamos y abajo, el llano, todavía
recibía los últimos rayos solares. El murmullo de la
ciudad llegaba ahogado por los gritos de niños que jugaban
en los alrededores, junto a los coches que habíamos dejado
en el inicio de la cuesta zigzagueante. Pensé que antaño,
si allí vivió alguien dedicado a la oración pudo
disfrutar de grandiosos amaneceres y atardeceres pues el lugar invita
a la observación. (ver)
Abandoné la casa y deambulé
por las cercanías, por estrechos senderos de la ladera que
a medida que asciende se vuelve más abrupta hasta llegar a
una pared vertical formada por piedras ferrosas de gran tamaño,
ya cerca de la cima donde se distinguen algunos eucaliptos.
Visité también las construcciones
antiguas situadas junto al santuario. La parte que fue habitable está
destruida y se mantienen en pie algunas dependencias utilizadas últimamente
para criar animales. Intuyo que algunas de ellas habrán sido
utilizadas en su día como morada por los peregrinos.(ver)
Las leyendas o la historia
Cuando bajábamos para regresar a casa
encontramos a un anciano que atendió a nuestras preguntas sobre
el santuario y el santo al que está dedicado. Nos comentó
que la casa se construyó gracias a una señora que vino
de América con un hijo parapléjico que se curó
sorprendentemente. Me imagino que sería familia del financiador
que figura en la placa, Isaac Bendayan.(ver)
También confirmamos que el lugar es
centro de peregrinación de musulmanes y judíos que indistintamente
llegan de lugares muy diversos. De hecho, en esos días (16,
17 y 18 de mayo actual) se esperaba la visita de una expedición
de judíos, según había avisado el Caidato de
la zona a los guardas del recinto. Algo que no me sorprendió
pues recordé que unos amigos hebreos que me habían informado
sobre la peregrinación de judíos melillenses al lugar,
me contaron que ésta se realizaba en coordinación con
las autoridades marroquíes de Nador quienes, incluso, enviaban
una dotación policial para mantener la vigilancia en el lugar
mientras duraba la estancia de los peregrinos en la zona.
Así dejamos el santuario de Sidi Yussef
(según la denominación que le dio el guarda) e iniciamos
el retorno hacia los aledaños de Nador que, sorprendentemente,
está tan cerca de un paraje que todavía guarda la esencia
de lo rural.(ver)
Días después, ya en Melilla,
cayó en mis manos el libro Imágenes de Melilla
y su judaísmo, editado por la Casa de Melilla en Jerusalén,
que dedica un capítulo a la historia o leyendas sobre el Rabí
Saadia Hadati. Al parecer, según la tradición oral,
era un tzadik, hombre justo, enviado de Israel que
visitaba las diferentes comunidades de la diáspora recolectando
dinero para sus habitantes. Pero, en otra versión se
dice que viajaba en un barco junto con otros Jajamin
(sabios) y debido a un temporal naufragó el barco y de los
tripulantes sólo se salvaron varios tzadikim, hombres
santos, entre ellos Rabí Saadia Hadati, Rabí Isaac Ben
Gualid y Rafael Enkauwa. El Rabí Saadia llegó a Nador
y vivió allí varios años.
Para conocer más sobre el tema entrevisté
al rabino de Melilla, Yamin Bittan, quien me contó que la historia
conocida data de la expulsión de los sefardíes de España,
cuando se escaparon los judíos ... llegaron tres rabinos,
tres sabios, a esta parte de África y se separaron. Uno de
ellos se quedó aquí, en este monte, escondido en una
cueva y, según la tradición hebraica, cuando un santo
de tal envergadura, de un calibre tan importante, tan profundo que
era todo un hombre de Dios, entonces, normalmente, Dios le ayuda -en
la Biblia hay muchos ejemplos- y creció un árbol, un
algarrobo, y del monte, de arriba, empezó a manar un manantial
de agua para que él pudiera vivir. Así se mantuvo el
tiempo que vivió. En esta versión se cuenta que
los habitantes de los alrededores, los vecinos musulmanes, que eran
muy pocos entonces, le cuidaban y le llevaban comida.
Según L. Calderón y A. Ponce
una leyenda cuenta que debido a los disturbios de 1239 en la judería
de Sevilla, en la que hubo una gran matanza de judíos, los
denominados siete santos varones ante el temor que se
volvieran a repetir los sucesos decidieron abandonar Sefarad,
atravesar el mar y llegar a tierras más hospitalarias y seguras.
En este punto la narración coincide con las versiones anteriores
ya que vuelve a citar un fuerte temporal que hundió la nave.
Salvados de la desgracia los siete santos no pudieron formar
nunca más su cabalística comunidad, ya que cada uno
apareció en una playa distinta, todos en la costa norteáfricana,
y cada uno tomó un rumbo distinto. De hecho, según
comentan, Calderón y Ponce, los siete santos varones se encuentran
en: Nemours (hoy Gazaouet) y Tlemcén, en Argelia; y, el resto,
en Marruecos: Tetuán, Taza, David Do (Debdou), Sidi Yahía
(Oujda) y Sidi Yussef (Nador).
La muerte
Tampoco hay muchos datos sobre la muerte del
Rabí Saadia y existen varias versiones. Ya hemos citado algunas
en este artículo pero hay otras. Una de ellas dice que Rabí
Saadia iba acompañado de un musulmán que era su ayudante,
y al acercarse a Melilla se sintió muy débil y supo
que iba a morir. Entonces le pidió a su ayudante que cavara
un pozo y tras indicarle que iba a bajar le dijo: cuando veas
que ya no respiro, cúbreme con tierra. Según esta
versión así ocurrió y cuando los habitantes de
la zona supieron que allí estaba enterrado el hombre santo
quisieron apoderarse de sus pertenencias. Cuando cavaban para desenterrarlo,
una enorme piedra cayó de lo alto de la montaña
y se posó exactamente sobre la tumba.
Otra versión dice que cuando iba a
morir pidió a un muchacho musulmán que fuera a Melilla
y pidiera a los hebreos de la ciudad que fueran a enterrarlo pero
tras no conseguir la ayuda el joven le prometió que él
lo enterraría con honor. Como agradecimiento Saadia Edaty escribió
un pergamino en el que rogaba a los judíos que cada año
dieran un cantidad de dinero al joven (ver).
En esta versión también se dice que los vecinos musulmanes
del pueblo, al conocer la noticia, quisieron matar al muchacho por
enterrar al judío, milagrosamente, en esos momentos bajó
una gran roca del cielo pasando por encima de todas las casas de la
aldea, hasta posarse sobre la sepultura de R. Saadia. Los musulmanes
que quisieron vengarse del ayudante del tzadik quedaron congelados
sin poder moverse hasta que el muchacho musulmán rezó
por ellos sobre la tumba hasta que pudieron volver a moverse.
Termina la versión con el comentario de que después
de este milagroso acontecimiento, tanto los hebreos como los
musulmanes, acostumbran a zorear (peregrinar) la tumba del sagrado
R. Sadia, dándose cuenta de la grandeza de este misterioso
tzadik.
En otra versión el Rabino Yamin Bittan
cuenta que: le llegó la edad de morir y se supone, nos
contaron nuestros maestros, que él mismo cavó su tumba
en la puerta de la cueva y pidió que la piedra más grande...
hay una versión que dice que es la piedra más grande
que rodara del monte hacia abajo y le tapara su tumba y hay quien
dice que la piedra más chica empezó a rodar, y a rodar,
y empezó a coger piedras milagrosamente hasta que se formó
una piedra grandiosa que tapó la tumba. Esas son las dos versiones
que tenemos nosotros si es que hay alguien enterrado allí.
Y así fue porque esa piedra nadie la podría mover y
ponerla allí. Comentó el rabino que hay una historia
muy parecida en Meron, en el norte de Israel, la referente al Rabí
Shimon Bar Yojay (el autor de la Kabalá), al que le ocurrieron
sucesos parecidos: se escapó de los romanos y se escondió
en un bosque donde había una cueva en la que se escondió,
enseguida manó un manantial de agua y creció el
árbol de la algarroba y su hijo iba con él. La misma
historia, es el mismo milagro. De hecho, en el día de
los difuntos (día 33 de la cuenta del Omer, la
cosecha, desde la Pascua del Pesaj) se peregrina a la tumba de este
hombre santo.
Por su parte Calderón y Ponce señalan
que murió en olor de santidad; fue enterrado en este
lugar, entre gran pesar de los judíos y el absoluto respeto
y admiración de los musulmanes, pero el Todopoderoso, no queriendo
que su tumba fuese jamás profanada arrojó de la montaña
una gran roca que cubrió su tumba; ante ésto los musulmanes
comprendieron rápidamente que este santo judío era un
protegido de Alah, por lo que debería ser siempre respetado
y venerado.
Referencias y constancia
Referencias a este lugar las tenemos en la
hemeroteca de la prensa melillense. En concreto apareció una
crónica de peregrinación, el tres de mayo de 1915, en
el Telegrama del Rif. Nuevamente, en ese periódico, el uno
de mayo de 1918 por la misma razón y, el 12 de septiembre de
1952, con motivo de la construcción de la casa y el acceso.
Estas fechas están reflejadas en un artículo, del 30
de abril de 1990, publicado sobre este tema por el Seminario Constantino
Domínguez de la Asociación de Estudios Melillenses
en el Diario Melilla Hoy.
Sea cual fuere los motivos de la venida del
Rabí Saadia a esta comarca, la vida que llevó en el
monte y sus inmediaciones, la forma de fallecer,... lo cierto es que
dejó un testamento escrito en un pergamino y gracias al cual
se ha mantenido, en parte, la tradición sobre su existencia
en un lugar que es venerado por miembros de dos religiones. Eso es
lo verdaderamente importante para el que escribe este artículo
en tiempos de guerra y de dolor, en momentos en que nos levantamos
escuchando las últimas informaciones sobre una masacre mayor
a la del día anterior. Asesinatos y genocidios en los que están
envueltos miembros de las tres religiones del Libro, las que reconocen
un sólo Dios.
En fin, qué le voy a contar a usted
lector/a, le recomiendo una visita al lugar y que disfrute de la ensoñación
que fluye ajena a los tiempos.
Miguel Gómez Bernardi
Artículo publicado el 23/05/2004
en el Diario Melilla Hoy
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