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El Cuarto Recinto Fortificado data de la segunda
mitad del siglo XVIII, principalmente construído durante el reinado
de Carlos III y significó la apertura al campo exterior de la antigua
plaza. Se abandonó el itsmo y se amuralló un recinto en
donde estaban las huertas y el cementerio de la ciudad. Asimismo esta
fortificación sirvió para proteger el entramado de galerías
subterráneas que servían de salida al campo exterior y,
a la vez, de protección contra las minas. De hecho, en este recinto
existen todavía hoy caminos subterráneos, en diferentes
ramales de varios kilómetros de longitud, que parten de la Mina
Real que, a su vez, tiene como origen el Primer Recinto, en la zona del
Foso y Baluarte de Santiago. Desde la Administración Local siempre
se ha tenido como objetivo la habilitación de una de estas galerías
para su visita pública pero hasta el momento no se ha llevado a
cabo. En esto influye que muchos edificios construídos en la zona
en los últimos años han cegado, definitivamente, algunos
tramos de la red. En la leyenda popular figura que eran tan largas que
llevaban hasta el Monte Gurugú, verdadero guardián del territorio.
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