La ciudad crece fuera de los muros

  Indudablemente, tanta construcción desmesurada y rápida necesitaba una ordenación y así, en 1910, el capitán de Ingenieros, Eusebio Redondo Ballester, redacta un Plan General que fue devuelto por el Ministerio de la Guerra porque los barrios previstos en él necesitaban un enlace con el conjunto existente. La reforma de este plan acabó en el realizado por el también capitan de Ingenieros José de la Gándara Cividanes, aprobado en mayo de 1910. El crecimiento de la urbe no respetó mucho este plan, tan sólo el alineamiento a la Plaza España, el ensanche del paseo del General Macías, la calle Polavieja, el barrio Industrial ...

  La construcción no paraba y en ese año también ven la luz los barrios del Hipódromo, Real y Tesorillo y en los altos de Cabrerizas aparecen las primeras construcciones junto al entonces cuartel de Infantería, hoy del Primer Tercio de La Legión.

  De esta época, de la treintena de años que transcurren a caballo de los dos siglos, son las fotografías que aparecen a continuación. Son los tiempos en que Melilla era una ciudad que vivía en el libertinaje que provocaba la agónica y desesperante guerra de África que condicionó la historia de España durante ese tiempo, sangró la economía nacional y cegó la vida de miles de jóvenes.

  Eran momentos de rápida fortuna en una nueva tierra que crecía a la par que el Ejército avanzaba hasta que llegó el Desastre de Annual pero, eso, es otra historia que coincide con un cambio en el desarrollo urbano.