La ciudad crece fuera de los muros

  Tras la firma del Tratado de Wad-Rass y los consiguientes disparos del cañón "El Caminante" que fijaron los límites de la nueva Melilla, se publicó en 1863 la Ley de creación del puerto franco y, en 1864, la Real Orden por la que se permitía el asentamiento en la ciudad de cualquier persona que lo deseara; esta orden se ratificó en 1870. Estos factores, de forma conjunta, creaban un nuevo canal para que los españoles pudieran llegar a estas tierras de forma libre, algo impensable en la antigua plaza-presidio.

  En principio fueron pocos los españoles que decidieron cruzar el "charco", llegar a África y asentarse en terrenos del Cuarto Recinto de Melilla "la Vieja". Sin embargo, con la constitución de la Junta de Arbitrios en 1879, se inician planes para que la población salga de los recintos amurallados. Ésto influye para que, previamente al desarrollo urbano, se planifique (1865) y se construya una red de fuertes exteriores que protejan la futura Melilla extramuros.

  A partir de 1888, al amparo de estos fuertes se comienzan a construir los primeros barrios: Mantelete y Polígono.

  En 1893, como consecuencia de la construcción del fuerte de Sidi-Guariach, se libran las batallas que se denominó posteriormente Guerra de Margallo y la emigración, que antes se había producido con cuenta gotas, se convirtió en verdaderas oleadas que venían al amparo del aumento de la guarnición como consecuencia de la guerra, la tropa conllevaba la demanda de nuevos servicios.