De capital del Rif a plaza de soberanía

  Con esta decisión se cerraba una etapa de extraña postura de España, en secreto teórico, que había mantenido tras la destitución en 1953 del Mulay Yusuf (futuro Momamed V) por parte de Francia. En estos años España permitía manifestaciones nacionalistas en Tetuán, Larache, Alhucemas y Nador. De hecho, García Valiño permitió las emisiones de radio y el tráfico de armas interzonal (en Melilla se guardaban en la Mezquita Central bajo supervisión de la Guardia Civil) para que los seguidores del Istiklal mantuvieran el desafío a Francia. Al parecer, sin demostración documental alguna, el objetivo de Franco era conseguir un Rif autónomo asociado al Estado Español, algo que sí estuvo en la mente de muchos rifeños como se demostraría años después en las revueltas de esta región.

   Todo cambió cuando, en marzo de 1956, Francia concedió la independencia a la zona que controlaba y un mes después España, presionada por disturbios constantes en su zona, y el influjo de EE.UU., tuvo que ceder también el 7 de abril de ese año: "...el Gobierno español reconoce la independencia de Marruecos, proclamada por S.M.I. Mohamed V y su plena soberanía, con todos los atributos de la misma; incluída la diplomacia y el ejército; renueva la voluntad de respetar la unidad territorial del imperio que garantizan los tratados internacionales...". En este párrafo se basarán después las reivindicaciones de Marruecos sobre Melilla y Ceuta como parte de su territorio. Es, en definitiva, el punto de inflexión en la historia de una ciudad (de casi noventa mil habitantes) que dejaba de ser capital para pasar a ser plaza de soberanía.