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Las relaciones del
régimen franquista con los países del mundo árabe
eran muy fuertes en la década de los 50, basadas en el no reconocimiento
español al estado de Israel y el voto de éste a favor del
boicot de las Naciones Unidas a España en 1949. Este alineamiento
con los árabes provocó que el mandato del teniente general
García Valiño en el Protectorado Español del Norte
de Marruecos fuera calificado de indulgente en relación con sus
predecesores. En aquellos momentos el Gobierno Español pensaba
perpetuarse en el control de la zona marroquí de la que surgió
el golpe de estado y de donde se surtió de tropas para destruir
la II República. Franco, su gabinete y los mandos del Ejército
tenían en el Protectorado una expresión de su ideología,
la España Imperial. Melilla, por tanto, tenía su papel como
capital de la zona oriental. Eran tiempos de esplendor económico
para la ciudad y, su puerto, era reflejo de ello. Reestructurado, nuevas
instalaciones y como único enlace en el litoral del Norte de África
entre Ceuta y Orán movía miles de toneladas de mercancías:
aprovisionamiento del Ejército de África, salida del mineral
de las Minas del Rif, la flota pesquera y las industrias conserveras,
el trigo, el caolín, ...
Pero, a pesar de que Franco expresó
en 1954 que la Independencia de Marruecos estaba muy lejana, el Régimen
no pudo evitar una ola de huelgas nacionalistas, manifestaciones y actos
terroristas que estallaron en su zona de influencia a finales de 1955
y continuaron hasta que, precipitadamente, el 13 de enero de 1956, el
Consejo de Ministros decidió abrir las negociaciones para la independencia
de Marruecos.
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